sábado, 29 de septiembre de 2018

Con fervor y religiosidad celebran los Arcángeles en Catedral metropolitana


Mérida festeja natalicio de Mons. Salas y primer aniversario episcopal de Mons. Luis Enrique Rojas

Foto Revista El Sembrador

         Seminarista Pedro García II Teología

El obispo auxiliar merideño aseveró que si toda la iglesia local trabaja en pro de la causa de beatificación de Mons. Salas por la gracia de Dios “ese milagro el Señor nos lo va a conceder”.

En el marco de los 103 aniversarios del nacimiento de Mons. Miguel Antonio Salas Salas, la Revista El Sembrador del Seminario San Buenaventura de Mérida hizo un contacto directo con Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, quien expresó su gratitud hacia este obispo de probada virtud por su testimonio de caridad y servicio que son signos evidentes de santidad. Además agradeció al Señor por haber llegado felizmente a celebrar un año en el episcopado justamente en la festividad de los Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael. 

Asimismo, puntualizó Mons. Rojas en su homilía que los arcángeles son mensajeros de Dios que cumplen una función específica dentro de la historia de la salvación. Citando a san Gregorio Magno explicó que San Miguel significa Quién como Dios, San Rafael, denota Medicina de Dios, y San Gabriel representa la Fortaleza de Dios.

         El obispo auxiliar de Mérida entre alegría y cercanía manifestó que “estoy feliz, contento y agradecido con el Señor de poder celebrar hoy la Eucaristía en acción de gracias a Dios y a la Santísima Virgen por mi primer aniversario episcopal. Por supuesto que cada día me siento más comprometido con la misión que el Señor me ha encomendado y confiado en que Él me dará la fuerza necesaria, la gracia para cumplir con este llamado”.

¿Cuál es su apreciación acerca del proceso de beatificación del Siervo de Dios Mons. Miguel Antonio Salas?

Cada día vemos con buen signo este proceso, y sabiendo que está de la mano del Cardenal Baltazar Porras Cardozo y del padre Javier Muñoz la Causa va por buen camino. En esta visita Ad Limina Apostolorum, hubo la oportunidad de darle mayor fuerza cuando se visitó la Congregación para la Causa de los Santos, esto nos indica que la Causa va por buen camino, y la muestra de hoy, el cariño de la gente en esta celebración, la participación de los fieles en las visitas que se han comenzado a realizar al corazón del Siervo de Dios en la capilla del Seminario Menor y todos estos tipos de detalles que hoy vimos en esta celebración nos indican que la Causa está bien orientada y muy pronto, si todos colaboramos y hacemos lo que nos corresponde, ese milagro el Señor nos lo va a conceder”.

Monseñor ¿qué significa para la Arquidiócesis de Mérida la presencia del corazón de Mons. Miguel Antonio Salas?

“Es una gracia, un regalo y una bendición que podamos tener nuevamente con nosotros el corazón del Siervo de Dios Miguel Antonio Salas Salas. No perdamos esta oportunidad, pues, seguramente este símbolo, esta expresión de fe, de amor por nuestro pastor, nos ayudará también a mantenernos siempre en contacto y en comunicación espiritual con él, presentándole todas nuestras necesidades, sabiendo que él ya goza de la presencia de Dios y tener ahora este símbolo en medio de nuestra Iglesia, pues, nos fortalece más y nos invita a mantener siempre vivo su pensamiento, su recuerdo y toda su obra en nuestra Iglesia Merideña”.

Finalmente, Mons. Luis Enrique exhorta a toda la feligresía merideña a que visiten devotamente el corazón del Siervo de Dios Mons. Salas en la capilla del Seminario Menor. También invita para el próximo 30 de octubre, cuando se cumplen 15 años de la muerte de este pastor según el corazón de Dios, por lo cual se espera una mayor afluencia de fieles en la Catedral de Mérida.


Clero Arquidiocesano. Foto Revista El Sembrador




viernes, 28 de septiembre de 2018

Celebran 103 Años del natalicio del siervo de Dios Mons. Miguel Antonio Salas cjm


Arquidiócesis de Mérida está de júbilo con su pastor

Celebran 103 Años del natalicio del siervo de Dios Mons. Miguel Antonio Salas cjm

San Juan Pablo II y el Siervo de Dios Mons. Miguel Antonio Salas cjm.
Foto cortesía Prensa Arquidiocesana

“Dar a conocer el culto privado del corazón de este santo obispo es una manera de reconocer su olor de santidad en la Iglesia y para nada perjudica su veneración, pues entre sus virtudes heroicas más resaltantes están el amor y su ternura de pastor hacia Dios y al prójimo”

Pbro. Jormin Fermín cjm

La iglesia local merideña festeja con corazón grande y ánimo decidido los 103 años del nacimiento del Siervo de Dios Mons. Miguel Antonio Salas Salas el 29 de septiembre de 1915. Fue incorporado a la Congregación de Jesús y María de los padres Eudistas y fungió como arzobispo metropolitano de Mérida. Este hombre de Dios, sencillo y humilde es una muestra fehaciente de que sí se puede llegar a la santidad siendo un pastor según el corazón de Dios.

Asimismo, el Pbro. Javier Muñoz, vicario episcopal para la Causa de los Santos de la Arquidiócesis de Mérida y vicepostulador, manifestó que “para mí, Mons. Miguel Antonio Salas inspira por su vida sencilla y humilde, hombre de oración, cien por ciento mariano. Pastor que sabía escuchar a sus sacerdotes; corregía cuando era necesario y acompañaba a tiempo y destiempo al pueblo de Dios y era caritativo. Él es un modelo de santidad para Mérida y nos alegraría que llegara a ser santo para gloria de Dios y salvación de los hombres”.

“Dar a conocer el culto privado del corazón de este santo obispo es una manera de reconocer su olor de santidad en la Iglesia y para nada perjudica su veneración, pues entre sus virtudes heroicas más resaltantes están el amor y su ternura de pastor hacia Dios y al prójimo”, expresó el P. Muñoz.

El padre vicepostulador aseveró que hay 220 testimonios fidedignos que son acertados para la causa de beatificación. Puntualizó que en la Arquidiócesis de Calabozo, donde también fue obispo antes llegar a  Mérida, lo recuerdan como “su pastor de ayer” por su cercanía y olor a oveja, como dice el papa Francisco. Resaltó el vicario para la causa de los santos, que no se puede dar mayores detalles, pero dijo conmovido que “los maestros de Calabozo acudían a Mons. Salas para que les ayudara a conseguir trabajo, y con una sola llamada de él, intercedía por ellos y resolvían sus problemas”.

Finalmente, se invita a toda la feligresía a acompañar a la Eucaristía en la Catedral de Mérida a las 9:00 de la mañana que será presidida por Mons. Luis Enrique Rojas, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida, quien está cumpliendo su primer aniversario episcopal. Y al mismo tiempo, es importante hacer la oración de invocación para alcanzar los favores, gracias e intercesiones para sus necesidades. El corazón de Mons. Salas estará expuesto en la catedral por este fin de semana.

Oración de invocación

Señor Jesucristo, Pastor de Pastores,
que otorgaste a Monseñor Miguel Antonio Salas
un corazón de sacerdote y obispo con olor a oveja,
en el que florecieron virtudes de humildad,
entrega, fortaleza, amor al prójimo y a los más necesitados,
te pido me concedas por su intercesión el favor especial
que ahora imploro (…), así como la gracia de verlo glorificado para celebrar su vida y fama de santidad en toda la Iglesia. Te lo perdimos a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, y lo encomendamos a la protección de María Santísima. Amén.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.


lunes, 6 de agosto de 2018

El amor en familia, constructor de la sociedad

   
        Generalmente la familia es considerada como primera escuela de formación humana, allí se comienza a cimentar el conocimiento emocional, intelectual, cívico e integral del ciudadano. Es la pareja o padres quienes juegan un papel muy importante, puesto que el niño observará y seguidamente aprenderá e imitará los patrones de conductas, actitudes, valores, entre otros; que se practiquen en casa para ponerlos en práctica y hacerlos suyos posteriormente.

Al respecto Scurato, (1995),  refiere: “por eso a la familia hay que analizarla y verla no solamente como una unión de individuos o personas que se asocian, que comparten o que han firmado un contrato, sino sobre todo, como pareja humana” (p. 20), es decir, se recomienda acompañar más a los hijos, prestarles la atención que merecen, tal vez suene muy fácil pero en la realidad pudiera resultar un serio problema bastante difícil o casi imposible de lograr, pero si se iniciara desde el amor como principio fundamental fortalecería de manera considerable a la familia, permitiéndole ser más llevadero, más comprensible y más fructuoso.

 Por cierto, los hijos reflejan lo que son sus padres, pero muchas parejas no terminan de comprender en qué consiste o en qué se basa esa unión que algún día decidieron formar, causando así grandes daños psicológicos y afectivos en los mismos, yendo desde niños violentos, imperativos y pasivos hasta conductas excelentes, con valores, que piensan también en el hermano, amigo o vecino, que han sido construidos por sus representantes.

Por otro lado, existen casos de niños y jóvenes que se refugian en la calle en busca, de ese sentimiento, de comprensión y motivación que no pudieron  recibir en casa, tal vez por la falta de tiempo de sus padres, por sus trabajos o simplemente por impaciencia y preocupaciones de otras cosas que terminan por descuidar la comunicación y educación familiar, ocasionando de tal manera problemas conductuales y en última instancia vacíos existenciales, en casos extremos.

El DA, (2007), afirma que “es, además, un deber de los padres especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos para el amor como don de sí mismos y la ayuda que ellos presten para descubrir su vocación de servicio” (n° 303); no cabe duda que el peso de la educación o formación de nuevos seres en la sociedad, recae sobre la familia.

 El padre, en su misión y como todo padre, quiere lo mejor para su hijo; pero justamente en esta medida podría equivocarse y entregarle más de lo necesario, causando por otro lado un serio problema, enseñándoles a ver la vida de manera materialista y consumista, por lo que pareciera que la vida se basa en una balanza en la que hay que recurrir continuamente para dar respuestas a las múltiples preguntas que se presentan. Cabe destacar, que la pareja en su papel de formadores debe estar preparada y empapada de esos conocimientos que luego deberá enseñar a sus hijos, pues nadie puede dar lo que no tiene.

  No obstante, si en la familia se pudiera sentir ajeno o no amado, sería síntoma que aún no conoce los suyos. Al respecto, De Paredes (1987), señala: “ahora piensa: en tu casa hay otras personas que te pueden dar calor, amor, te pueden hacer crecer, reír, llorar; pueden ser felices a tu lado, y tu quizás ni te has dado cuenta” (p. 77). Es el caso de muchas parejas, donde prefieren buscar amor fuera de sus casas no dándose la oportunidad de conocer ese tesoro que tal vez pueda tener y que no lo han descubierto.

Finalmente, es necesaria la concientización del amor familiar dentro de la formación de nuevos ciudadanos para la sociedad, que garanticen la generación de relevo basados en principios como el respeto, la humildad, el servicio, y el bien común, aplicando la tolerancia y conviviendo en armonía como familia, disfrutando de cada detalle, por pequeño que sea, y de esta manera lograr sensibilizarse ante la realidad de los más necesitados.


Autor:
Seminarista José Eliodoro Rojas Plaza

domingo, 5 de agosto de 2018

Dinámica geográfica del territorio venezolano a la luz de Carta Encíclica Laudato Si’



Estratégicamente, la ubicación latitudinal de Venezuela determina la dinámica y disponibilidad de recursos renovables en el plano temporal. Además, de estar limitada por la estacionalidad de las condiciones climáticas, también está siendo alterada por los crecientes problemas de contaminación provocados por los acelerados y descontrolados procesos de urbanización e industrialización.

Por lo tanto, los recursos ecosistémicos se ven directamente afectados por la desigual distribución en el ámbito regional de la población; al considerar estas características socio-ambientales, dada la degradación de la casa común y el efecto directo en la clase humana, se presenta someramente la situación país a partir de la visión de la Iglesia, con el fin de apreciar el contexto actual del megadiverso país al que se le cataloga Venezuela por su condiciones andinas, caribeñas, amazónicas y atlánticas, las cuales le sitúan como reserva de biodiversidad en el mundo.

Evidentemente, “se […] debe moderar el consumo, maximizar el aprovechamiento, reutilizar y reciclar” (LS, 2015, n° 22). Es por tanto que “en muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura […]” (LS, n° 21) generando un continuo deterioro sociocultural de los hábitos y costumbres de la población.

De tal manera, la Iglesia aclara que la mejor forma de respetar la naturaleza es promover una ecología humana abierta a la trascendencia del respeto a la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, siguiendo las indicaciones de recapitular todas las cosas en Cristo (cf. DA, 2007, n° 126), pues es bien sabido que el “clima es un bien común, de todos y para todos […]” (LS, n° 23), de suma importancia, señala el Papa Francisco, “porque muchas veces se toman medidas sólo cuando se han producido efectos irreversibles […]” (LS, n° 21).

Progresivamente la descontrolada intervención antropogénica va incidiendo en la generación y calidad de recursos, debido a la respuesta forzada de los mismos al sistema económico que monopoliza la región. En su momento la Iglesia expone, “[…] la naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La tierra fue depredada. Las aguas están siendo tratadas como si fueran una mercancía negociable por las empresas […]” (DA, 2007, n° 84); esto muestra que “el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad” (LS, n° 30).

Las áreas boscosas y las sabanas son los biomas con mayor extensión en el país, en gran medida se encuentran sobre suelos frágiles y en áreas donde se emplazan sistemas socioeconómicos dinamizadores de la acelerada modificación climática; por consiguiente, los ricos hábitats ecológicos, se desplazarían en forma de metapoblaciones reduciendo su extensión y tamaño, propiciando el peligro de los diversos ecosistemas que conforman la biodiversidad venezolana. Es por ello, que la pérdida de vegetación implica a su vez la de especies que podrían significar en el futuro recursos sumamente importantes (cf. LS, n° 32).

“Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad […]” (LS, n° 63). Es por lo tanto, una maravillosa oportunidad considerar la encíclica del sucesor de Pedro, el Papa Francisco, como un oráculo propicio para la reformulación de nuevas condiciones o estilos de vida, que a partir de soluciones acertadas fomenten la reconciliación natural de las relaciones humano-naturaleza con la finalidad de mitigar la progresiva destrucción del país y por ende del planeta en términos humanos y eco naturales.


Autor:
Seminarista Luis Uban


sábado, 4 de agosto de 2018

Acompañamiento espiritual a los jóvenes



       Para iniciar y acompañar a los jóvenes, resulta necesario conocer la forma de llegar y conectar con ellos, con sus aspiraciones, deseos y preocupaciones, la forma de trasmitir el mensaje de fe. En ese sentido, se debe tener muy claras las claves de la sociedad en la que se mueven, los cambios de los estilos de vida, la psicología propia de sus edades, su realidad familiar y, sobre todo, el conocimiento directo de ellos mismos.

       Por  lo tanto, hay que dedicarles tiempo y saber acercarse a ellos en ese diálogo acertado, partiendo de la escucha y dejando hablar a las experiencias, sentimientos, anhelos, y dudas, para provocar y suscitar en ellos la repuesta de su vida y la aceptación del mensaje de Jesús. No puede descuidarse ese necesario acompañamiento personal-individual, porque es ahí donde Jesús se encuentra con cada uno, como lo hizo con los discípulos de Emaús, con el joven rico, con la samaritana junto al pozo, o con Pedro, en ese diálogo directo cara a cara, encontrándose con su mirada y sus palabras.

       De igual manera, el acompañamiento espiritual es mirar la vida de cada uno; cuando a los jóvenes se les pone en contacto con sí mismos, descubren la sed que tenían de Dios y el deseo de encontrarse con Él. La repuesta de fe es personal, después grupal y comunitaria, basándose en la oración y la fuerza del Espíritu Santo.

       Sin embargo, los jóvenes en su gran mayoría se encuentran solos, sin apoyo en el momento oportuno, es decir, no se cuenta con una propuesta de acompañamiento espiritual, sobre todo para los adolescentes, que enfrentan muchas dificultades y que traen como consecuencia negativos cambios de conducta, lastimándose ellos mismos y a los que los rodean; necesitan apoyo ante sus problemas, buscan repuestas a sus inquietudes, necesitan de personas que realicen un verdadero acompañamiento.

       El acompañamiento espiritual a jóvenes y adolescentes, es importante en su vida diaria, para que conozcan, acepten, sigan y se comprometan con Jesucristo y su mensaje de salvación;  una vez transformados en hombres nuevos, e integrando la oración y la acción, se convertirán en protagonistas y gestores de la construcción de una sociedad más humana y justa.  


Autor:
Seminarista Ayair Oberto


viernes, 3 de agosto de 2018

La Plegaria Eucarística, punto culminante de la Liturgia católica


Para el hombre religioso, una vida alejada del culto a Dios carece de sentido. Desde sus inicios ha elevado oraciones, plegarias, para que le escuche, le proteja o le consuele. Según sea el caso, la tradición del pueblo escogido por Yahvé, ha plasmado la interacción entre lo divino y lo terrenal. Esta interacción es el resultado de una religiosidad enraizada en todos los ambientes de la vida del hombre. En consecuencia, Jesús adopta esta cultura y la lleva a plenitud entregándose como sacrificio en la cruz.

Una mirada al sacrificio histórico de Cristo demuestra la existencia de un misterio que no ha sido comprendido del todo. Se relata una muerte que ha trascendido en el tiempo y que se perpetúa como oblación perfecta en cada Misa celebrada en todo rincón del mundo. Dentro de estas conmemoraciones, las plegarias eucarísticas establecen el punto culmen de la litúrgica católica. Conocer su contenido introduce al creyente en la historia de la salvación y lo involucra en el sacrificio que se ofrece, se hace partícipe en el encuentro comunitario y se apertura al encuentro personal con Jesucristo presente entre la asamblea.

El núcleo de la plegaria eucarística es el relato de la Cena del Señor. En ella se desarrolla la alabanza y la acción de gracias al Padre por la salvación de los hombres, la invocación del poder de Dios para actualizar la Cena de Jesús, y el anuncio de la obra redentora de Cristo. El sacrificio eucarístico es ofrecido por la Iglesia universal, quien pide la paz y la unidad. Es Cristo quien se hace presente y quien actúa a través del sacerdote.

En este sentido, la Pascua del pueblo de Israel que recordaba la salida presurosa de Egipto, era una señal de libertad y de estar ya en su propia casa. No obstante, la nueva connotación, esto es mi cuerpo y esta es mi sangre, define la Nueva Alianza que perfecciona la institución de la Pascua (cf. Ex 12,1-14) con la inmolación del cordero, y la escena del Sinaí (cf. Ex 24:3-8), con la alianza entre Yahvé y el pueblo mediante el sacrificio y aspersión de la sangre.

En la pascua cristiana, el Cordero de Dios, es inmolado en la cruz y comido en la Cena. Es una renovación del misterio salvífico de la entrega de Jesús perpetuado en la Misa como sacrificio de comunión, conmemoración de la muerte de Cristo y banquete escatológico. Todo esto se condensa en las Plegarias Eucarísticas, punto central y momento culminante de la celebración donde se demuestra el carácter sacrificial de la Santa Misa.

En las plegarias se subraya el interés por centrar la acción de gracias en el mismo Cristo y en su entrega amorosa desde la pascua. Sintoniza el espíritu de la liturgia con las necesidades del hombre como ser espiritual. Partiendo desde la historia salvífica,  inspirándose en la reforma conciliar, se desarrolla refriéndose a textos bíblicos con la intención de guiar al hombre pecador, a fin de crecer y alcanzar su perfección en Jesús.

La Iglesia actúa recordando el mandato del Señor “haced esto en memoria mía” (Lc 22,19), y de la exhortación de Pablo “pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga” (1 Cor 11,26), prolongando, incruenta y misteriosamente, la entrega de Cristo en el altar. La conmemoración litúrgica no es un recuerdo de un hecho pasado en la concepción lineal del tiempo, sino una actualización permanente del sacrificio.

Autor:
Seminarista Germán Piña

jueves, 2 de agosto de 2018

Acción misionera como entrega a los más necesitados




El Señor Jesús, antes de subir al cielo y regresar al Padre, fundó su Iglesia como sacramento de salvación, enviando a los Apóstoles a todo el mundo con estas palabras: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,18). Por ello, el trabajo que la Iglesia hace para anunciar el Evangelio, en un contexto esencialmente de peregrinación, es por su propia naturaleza de origen misionero, puesto que se cimienta en la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre. Así lo plasmó el Concilio Vaticano II en su documento Ad Gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia (AG 2-9).

El corazón de esta acción misionera es, ciertamente, pres­tar aten­ción a las múl­ti­ples  po­bre­zas que su­fre la hu­ma­ni­dad: eco­nó­mi­ca, mo­ral, es­pi­ri­tual, etc. Por esta razón, es tan  valioso el tes­ti­mo­nio de los mi­sio­ne­ros que han en­tre­ga­do su vida para ha­cer vi­si­ble la preo­cu­pa­ción de Dios por los po­bresEllos de­jan su vida cada día con sus ges­tos, sus accio­nes, sus ac­ti­tu­des, aman­do no sólo de pa­la­bra sino tam­bién de obra. Abrirse a la dinámica de una misión de entrega a los más necesitados, requiere de discípulos con una actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la participación efectiva frente a un escenario de calle, de periferias existenciales, donde en muchas circunstancias Cristo aún no es conocido y, de esta manera, conectarse con la realidad de la gente y sus correspondientes necesidades, a fin de proponer el Evangelio de la Vida, como camino de sentido y plenitud.

De hecho, la Exhortación apostólica del Papa Francisco, Evangelli Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, ofrece una visión motivadora e interpelante acerca del espíritu misionero, haciendo énfasis en un aspecto crucial para la Iglesia: “la inclusión social de los pobres”. Toda experiencia auténtica de verdad y belleza, busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación, adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Por consiguiente, un verdadero misionero a través del acompañamiento mostrará el gran proyecto de amor del Padre, siendo fermento de Dios en medio de la dura realidad que vive la humanidad.

El anuncio del Evangelio no puede desligarse de la promoción humana del hombre, por eso los misioneros se han convertido en los verdaderos protagonistas de desarrollo de muchos pueblos. Han sido elegidos y enviados a servir a los demás como propagadores de la verdad y no solo como gestores de obras sociales. Enseñar en las escuelas, sanar en los hospitales, dignificar a la mujer en los países donde están completamente olvidadas, acoger a miles de niños abandonados, huérfanos y víctimas de conflictos armados, trasladarse a campos de refugiados y trabajar por los grandes olvidados de la historia como son los pobres, han de ser el blanco de su acción misionera. Sus vidas, como la de Jesús, representan un compromiso. Han cruzado sus caminos con los que no guardan esperanza alguna, con los que no tienen, con los que no pueden alzar su voz, con los que no saben, con todos aquellos a los que las sociedades más avanzadas han convertido en números estadísticos.

Finalmente, todos, desde nuestra propia fe y capacidades, estamos llamados a ser misioneros. La Iglesia brinda actualmente una amplia variedad de posibilidades para encauzar las inquietudes misioneras de los cristianos, reconociendo que Dios fortalece nuestra vocación siempre de modo discreto y respetuoso de nuestra realidad. Una lectura, un video, una representación, un encuentro o una palabra, pueden dar la sensación inicial del llamado misionero para nuestro prójimo. Cuando se ha descubierto la alegría interior de Cristo Resucitado, ya no se puede guardar para sí. Entonces las renuncias, los sacrificios, las persecuciones y todas las dificultades de la vocación misionera toman sentido, porque lo único importante es predicar a Cristo y la salvación de los hombres, y si se trata de poblaciones vulnerables e inmersas en el dolor, el sentimiento de compartir ese júbilo será aún mayor.

             Autor:
Seminarista Licember Cadenas


Fuentes:
·     Concilio Vaticano II, Constituciones, Decretos, Declaraciones, BAC, Madrid 2000.
·     Francisco I, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, San Pablo, Buenos Aires 2014.
·     CELAM, Documento de Aparecida, Paulinas, Buenos Aires 2007.
·     Muñoz, Luis. “MISIÓN Y ECUMENISMO”. El diálogo profético de los discípulos misioneros de Jesucristo. Hacia un testimonio común del evangelio. An.teol. 17 (1). 2015