jueves, 5 de mayo de 2016

La Buena Noticia del Domingo

Ascensión del Señor, Pascua / C.

Smta. José Leonardo Basto
joseleonardobasto@gmail.com

Lucas 24,46-53:

En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto”. Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios.

Comentario:
Celebramos en este domingo, la Ascensión del Señor, hecho último que relata el evangelista Lucas de la vida terrena de Jesús, una vez que ha resucitado y se ha aparecido a los discípulos. Es interesante meditar en torno a este hecho tan particular, debido a que: Jesús, rey de la gloria, después de ofrecerse como oblación por nuestros pecados, sube victorioso hacia al Padre, con el fin de llevar a la perfección lo que Él mismo había santificado. El evangelista coloca en boca de Jesús, que todo lo que estaba escrito, debía cumplirse en Él, es decir, Cristo es la plenitud de la revelación y el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento.

Por esto, después de la pasión, Jesús se manifiesta resucitado a los discípulos y se deja ver por ellos durante varios días; lo hace para robustecer la debilidad de la fe de los discípulos, los cuales después de los hechos de la pasión se encuentran decepcionados, tristes, sin rumbo, ni sentido; pretenden volver a sus ocupaciones, pero lo que no sabían era que cuando Dios llama, nunca se retrae de su llamado. Ante esto, Jesús se aparece, comparte con ellos, les explica las Escrituras y los constituye en testigos fidedignos de lo acontecido: “Ustedes son testigos de esto”.  El cristiano, no puede ser un simple espectador de lo que acontece, debe convertirse en testimonio de los hechos fundantes que dan nueva vida.

Cuando Jesús asciende a los cielos, es decir, al lugar del Padre, no sólo asciende Él, sino que lleva a toda la humanidad consigo para restituir la dignidad humana, lo hace como Sacerdote eterno y ministro de la nueva alianza, que vive para interceder continuamente por nosotros ante el Padre y salvar al pueblo que confía en su misericordia. Así lo expresa el escritor sagrado: “Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote excelente que penetró en el cielo, mantengámonos firmes en nuestra confesión de fe. El sumo sacerdote que tenemos no es insensible a nuestra debilidad, ya que, como nosotros, ha sido probado en todo excepto el pecado. Por tanto, acerquémonos confiados al trono de nuestro Dios, para obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno” (Heb. 4, 14-16).

Jesús como Sacerdote eterno, se entrega completamente para la salvación de la humanidad y no escatima nada para hacerlo, incluso en los últimos momentos antes de ascender al Padre, promete a los suyos el Espíritu Santo, para que fueran sus testigos hasta los confines del mundo. El Espíritu Santo será el que enseñe y recuerde a los discípulos lo necesario para comprender paulatinamente el plan de salvación; será la fuerza, la presencia y el amor de Dios en medio de la humanidad.

Además, se presenta un elemento singular al final del texto expresado en: “Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios”.  Los discípulos no quedaron tristes por la partida de su Maestro, parece algo contradictorio, generalmente cuando alguien parte queda la sensación de soledad, tristeza y vacío y más en este caso, porque ellos no volverían a ver terrenamente a su Amigo, su Maestro. A este respecto, “En el gesto de las manos que bendicen se expresa la relación duradera de Jesús con sus discípulos, con el mundo. En su ascensión, Él viene para elevarnos por encima de nosotros mismos y abrir el mundo a Dios. Por eso, los discípulos pudieron alegrarse cuando volvieron de Betania a casa. Por la fe sabemos que Jesús, al bendecir, tiene sus manos extendidas sobre nosotros. Esta es la razón permanente de la alegría cristiana” (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, p. 339).

A grandes rasgos, celebrar la Ascensión implica: Valorar nuestra dignidad humana redimida por el Hijo; Orar ante el Padre para obtener misericordia por medio de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote; Convertir nuestras vidas en testimonio ante el mundo por la fuerza del Espíritu Santo; y permanecer en la alegría porque la bendición de Jesús siempre estará con nosotros hasta el fin del mundo. Por ello, que esta celebración de la Ascensión del Señor nos permita seguir a Jesucristo hasta al cielo para mantener allí nuestro corazón, y en definitiva nuestro tesoro. 


Señor Jesucristo, que ascendiste al Padre
como fundamento de nuestra esperanza
y primicia de la humanidad resucitada,
intercede siempre por nosotros
ya que estas sentado a la derecha del Padre.

Robustece nuestra fe para que seamos
capaces de anunciar la Buena Nueva del Evangelio
y concédenos, Señor, rebosar de alegría
para que en medio de las dificultades de esta vida
podamos mantener la esperanza en la misericordia
 que solo proviene de Ti.

Envía el Espíritu Santo para fortalecer nuestras vidas
y mantener en Ti nuestra mente y nuestro corazón,
para que un día podamos encontrarnos contigo
que eres la Resurrección y la Vida.
 Amén.




miércoles, 4 de mayo de 2016

MONICIONES DEL 08 DE MAYO DE 2016


MONICIONES DEL 08 DE MAYO DE 2016
VI DOMINGO DE PASCUA

Smta. Jimy peña
jimyalbert@hotmail.com

Monición de Entrada.

Hermanos todos en el Señor. Hoy celebramos el VI Domingo de Pascua bajo dos motivos especiales. En primer lugar, con la invitación de poner nuestra mirada en Jesús que asciende a los cielos con gloria y poder y nos deja la promesa de su Santo Espíritu que nos conducirá a la verdad plena. Y en segundo lugar, nuestra sociedad venezolana ora por todas las madres en su día. Que estos sentimientos de poner la mirada en Jesús y orar por nuestras madres nos lleven a redescubrir en esta celebración nuestra misión como testigos de alegría y esperanza. Pongámonos de pie para recibir al celebrante.
 
Monición a la Primera Lectura.
Primera Lectura: (Hch 1,1-11)

Lucas nos muestra un Cristo que padeció, murió y resucitó, pero en este momento está siendo elevado al cielo, da instrucciones, y deja su Santo Espíritu a los apóstoles que ha elegido, preguntémonos al escuchar la lectura, ¿debo reaccionar y ponerme en camino como cristiano para contemplar la gloria y el esplendor de Dios?.

Monición a la Segunda Lectura.
Segunda Lectura: (Efesios 1, 17-23).

La lectura que escucharemos a continuación precisa de qué trata el primado de Cristo en el cielo. Pues, Dios permite que cada hombre alcance la sabiduría necesaria para conocerlo, Él va iluminando y permitiendo que el llamamiento forme parte de la herencia eterna para todo el que confié profundamente y crea en sus palabras.  Escuchemos con atención.

Monición al Evangelio.
Evangelio: (Lc 24, 46-53).

El evangelista Lucas, en consonancia con la primera lectura, nos presenta el gran mandato de predicar la Buena Nueva. Este anuncio invita a todos para volver a Dios y obtener el perdón de los pecados. También, propone cómo la bendición de Dios llega hoy a todos sus hijos, apresurémonos a contemplar al Señor bajo la acción pronta de su Santo Espíritu, que en pentecostés se nos da como cumplimiento de la promesa divina. Escuchemos.

Oración Universal.

A cada petición respondemos: Envíanos, Señor tu Santo Espíritu.

L. Mira señor los corazones de tu siervo, el Papa Francisco, los obispos y sacerdotes que tú elegiste para gobernar tu pueblo santo, protégelos y bendícelos, apártalos del enemigo que habita este mundo, y envíales la fuerza de tu espíritu para que no sucumban ante las adversidades. Roguemos al Señor.

L. Te pedimos por aquellos que se encuentran alejados de la Iglesia, descarriados en el mundo de las drogas, la prostitución y el materialismo absoluto, para que tú con misericordia los ayudes a acercarse nuevamente a la fe que un día profesaron fielmente a través de su bautismo. Roguemos al Señor.

L. Te pedimos por la situación de nuestro país, Venezuela, ayuda a los gobernantes a encontrar una salida pacífica a nuestras situaciones económicas, políticas y sociales, que podamos seguir luchando por nuestra dignidad en un país libre y democrático. Roguemos al Señor.

L. Mira Señor con ojos de misericordia aquellos que dedican su vida a transmitir el Evangelio, anunciando la Buena Nueva por los medios de comunicación, bendice su apostolado y entrega generosa. Roguemos al Señor.

L. Celebramos en este segundo domingo del mes de mayo, el día de las madres. Te pedimos por todas ellas, por las que sufren el abandono de sus hijos, las marginadas, las solteras, la que son padre y madre, por aquellas que son amenazadas por el día a día para que tú Señor las bendigas y las protejas siempre, que ellas puedan encontrar siempre su consuelo en ti. Roguemos al Señor








martes, 3 de mayo de 2016

AMORIS LAETITI SOBRE EL AMOR EN LAS FAMILIAS

CAPÍTULO II
REALIDAD Y DESAFÍOS DE LAS FAMILIAS

Smta. Luis Salas
Luis_alejandro_s@hotmail.com


La familia, sin duda alguna, es la fuente y el oasis del cual emana una sociedad estable en todos sus ámbitos. No obstante, en la actualidad es común escuchar preguntas en cuanto al por qué de tantos matrimonios fracasados, hogares disueltos y familias destrozadas; por lo que es sumamente necesario, fijar la mirada en los actuales y cada vez más comunes problemas y realidades de nuestra convulsionada sociedad, que afectan la integridad del matrimonio y la familia.

Ante estos numerosos desafíos, los obispos presentes en el Sínodo de la Familia realizado recientemente, también han querido exponer su punto de vista, tal como nos lo muestra el Papa Francisco en el capítulo segundo de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia", que hace unos días ha compartido con el mundo entero.

Entre los muchos factores de nuestro mundo actual, que inciden de manera significativa y negativa sobre la familia; es posible notar que el ritmo acelerado de la vida hace que se promueva un evidente individualismo entre los miembros de la familia, con el que cada uno termina siendo una especie de “isla” y viendo al hogar como un simple “lugar de paso” (AL, n°33ss).

Reiteradamente se pierden valiosas oportunidades para el encuentro y la convivencia familiar por diversas causas, como la multiplicidad de compromisos laborales que llevan a vivir una esclavitud por el trabajo, la adicción a elementos tecnológicos tales como la televisión, y muchos otros factores, que desplazan y empobrecen hábitos tan necesarios en el hogar, como el de comer juntos.

De la misma forma, es posible evidenciar la pérdida del ideal del Matrimonio como compromiso estable, porque en la cultura de nuestro tiempo, que el Papa llama, “cultura de lo provisorio” se ha sembrado la creencia de un amor momentáneo, efervescente y pasajero, al estilo de las “redes sociales” creyendo que es algo que “se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor” y que tristemente se mantiene mientras convenga (cf. AL, n°39).

Se propaga entre los jóvenes el temor a casarse y formar una familia, mayormente por la carencia de una estabilidad laboral y económica favorable; así como también ante la difusión de una ideología cimentada en los fracasos de otros matrimonios, que denigra y hace poco atractiva la idea de vivir este sacramento a plenitud, el cual termina por ser concebido con un "peso a soportar toda la vida" (AL, n°39) y no como un proyecto de amor en común.

Es necesario apoyar a los matrimonios que constantemente atraviesan crisis matrimoniales, las cuales a menudo "se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio" (AL, n°41); aunque son múltiples las causas de tantas familias destruidas, la primera es debilitamiento de la fe y la ausencia de Dios (cfr. AL, n°43) de la que se derivan muchos más factores como la falta de afecto y comunicación, la violencia intrafamiliar, el alcoholismo y la drogodependencia.

Son muchísimos más los obstáculos que truncan la vida matrimonial y familiar hoy en día, que varían e inclusive se agudizan en algunos países donde la realidad de la migración y la pobreza extrema también afecta sobremanera.

Por esta razón, cada enseñanza de esta providencial exhortación postsinodal, que el Papa Francisco nos brinda como instrumento de Gracia, es verdaderamente digna de ser escudriñada y reflexionada en su totalidad, de manera particular las del capítulo II, para que de esta forma podamos reconocer con más claridad los desafíos a los cuales se ve sometida la familia día tras día.


Por consiguiente, ante las causas de tan numerosas rupturas matrimoniales y familiares, no basta con quedarnos sólo en el lamento ni muchos menos pretender formar familias "perfectas" con una evangelizacion adoctrinada y basada en la imposición de normas a modo de "piedras muertas para lanzarlas contra los demás" (AL, n°49), sino "despertar una creatividad misionera" (AL, n°57) que provea instrumentos útiles para que las familias aún en medio de tantas realidades, obstáculos y caídas, caminen hacia la plenitud en y desde el amor, con Dios como su centro y fundamento.

viernes, 29 de abril de 2016

En la memoria de Anatilia +27-04-16


Nota de Edición: Esté artículo fue publicado en el 2013 cuando nuestra hermana aún estaba en cuerpo presente con nosotros, y el articulista, Emerson Mora, era aún seminarista de nuestra casa de formación. Su re publicación es dada en homenaje a la mujer que tanto amó al sacerdocio. 

ANATILIA Y LAS ORDENACIONES PRESBITERALES EN LA ARQUIDIOCÉSIS DE MÉRIDA

Pbro. Emerson Mora Mora
emerson_canagua@hotmail.com

Desde el punto de vista socio cultural, el aspecto religioso con sus manifestaciones diversas, conocidas como religiosidad popular, enriquece la idiosincrasia del merideño. En cada pueblo, nuestra gente expresa su fe desde las procesiones, romerías, etc.; en la mayoría de los casos se ha inculcado desde la niñez un gran respeto y veneración a lo sagrado, y por ende a los representantes de lo sacro, es decir, a los sacerdotes. Cada pueblo tiene sus personajes típicos que trascienden en la historia por su forma de ser y de actuar. Así por ejemplo, en nuestra Arquidiócesis hay un persona que desde hace muchos años ha causado la admiración de muchos y es conocida por asistir prácticamente a todas las ordenaciones presbiterales y fiestas religiosas en los diferentes pueblos, desde los más cercanos hasta los más apartados de la ciudad. Su nombre: Anatilia Sosa de Rojas.

La “Tierra de las Orquídeas”, Aricagua, aldea Hato Viejo, le vio nacer un 4 de noviembre de 1962. Sus primeros años transcurren en el campo junto a su familia en la comunidad de Mocomboco de este acogedor pueblito sur merideño. A sus 15 años aproximadamente viene a Mérida para estudiar durante cinco años en el Colegio San José de la Sierra de las Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima, luego se va a Caracas donde permanece en un colegio de las Hermanas Salesianas.

Regresa a Mérida nuevamente y comienza a trabajar en un cafetín. Decide conformar una familia cristiana católica y se casa con el Sr. Narciso Rojas, nativo de San Pedro de Acequias, pero criado también en Aricagua. De esta unión matrimonial nacen cuatro hijos.

La Sra. Anatilia ha pertenecido a la Cofradía del Santísimo por más de veinte años, fue secretaria de la Cofradía en la Catedral y también participó en la Capilla del Carmen. Ahora hace vida parroquial activa en San Jacinto, tiene siete años de pertenecer al Movimiento de Cursillos de Cristiandad y asiste a la escuela de los Nuevos Ministerios.

Ir a una Ordenación Presbiteral en nuestra Arquidiócesis y no conseguir a Anatilia relativamente cerca de quien se ordena es inaudito. Siempre uno se pregunta ¿Por qué esta feligrés asiste a tantas ordenaciones y cómo hace para ir? Hace unos días conversaba con ella y me decía: “El motivo por el que asisto a tantas ordenaciones es porque es un acto muy sagrado. La ordenación de un sacerdote es algo que viene del cielo, que viene de Dios porque no todo mundo llega a ser Sacerdote. A mi me gusta porque yo vivo eso. No tiene comparación con otra cosa. Me llena el corazón una ordenación, la vivo a plenitud”.
Anatilia ha sido testigo presencial de alrededor de setenta ordenaciones, entre ellas ha asistido a la Consagración Episcopal de Mons. Baltazar Porras, Mons. Luis Alfonso Márquez y Mons. Alfredo Torres. Desde el año 1983 asiste, aunque con mayor frecuencia a partir de 1992.

Entre las ordenaciones presbiterales que recuerda y que ha asistido están la de los presbíteros Pedro Pablo Santiago, Petronio Carrero, José Trinidad Fernández, Leonardo Mendoza, Javier Muñoz, Juan de Dios Peña, Gerardo Salas, Numa Molina, Jhon González, Reinaldo Muñoz, Alirio Cadenas, Alexander Rivera, Luis Enrique Rojas, Amadeo Rossi, (+) Luis Edgardo Pérez, Railí Guerrero, Honegger Molina, César Serrano, Oscar Nuñez, Yan Darwin Rivas, Horacio Carrero, Alfredo Uzcátegui, Duglas Briceño, Douglas Carrero, George González, Jena Carlos Loaiza, Edduar Molina, Luis Morales, Verzanny Ramírez, Jonathan Zambrano, Nicolás Pérez, Jhonny Sánchez, Ramón Arellano, Adelfo Trejo, William Franco, Jesús Quintero, Pablo Castellano, Andrés Pérez, Jesús Rangel, Leonidas Montilla, José Alirio Contreras, Cornelio Marín, William Rosales, Amilcar lobo, José Ramírez, Luis Enrique Rodríguez, Javier Fernández, Humberto Maldonado, Ramón Paredes, Ronald Rojas, José Juan Flores, Jesús Montilva, John Cayama, Jorge Canadell, Jhon Emir Dugarte, Ramón Piñuela, Jilas Peña, Olivo Gómez, Ramón Rojas, Wuilliam Vázquez, José Luis García, Juan Cancio Márquez, Robinson Rondón, Edison Montilla, Gregory Lobo, Albeiro Ramírez, John Chacón, Ramón Parra, Gabriel Rivas, Abdón Araque, entre otros, incluyendo algunos religiosos.

En los últimos años se ha dedicado también a coleccionar el guion litúrgico de cada una de las ordenaciones para tenerlos como un recuerdo y para orar por cada uno de estos sacerdotes. Junto con el Padre José Juan Flores, sacerdote a quien la Sra. Anatilia quiere y admira mucho por toda la labor realizada en la construcción del nuevo Templo Parroquial de San Jacinto, fueron los padrinos de ordenación del Padre Narciso Nieto, nativo de El Chama pero incardinado en el Vicariato Apostólico de Tucupita.

En nombre de nuestro Seminario pedimos al Buen Dios que siga derramando bendiciones en su familia y que ese amor por los sacerdotes le ayude a seguir fiel en el discipulado, para seguir ayudando desde su condición a nuestra Iglesia merideña.


jueves, 28 de abril de 2016

La Buena Noticia del Domingo VI, Pascua / C.

Smta. Jesús Rincón
jesusdrs@hotmail.com


Juan 14,23-29:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Les he hablado de esto ahora que estoy a su lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho.
La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: "Me voy y vuelvo a su lado". Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigan creyendo».

Comentario:
San Agustín decía: “si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama”. El discípulo de Jesús se distingue por el amor a su Maestro y a sus hermanos. Amar a Jesucristo implica acoger sus palabras como nuestro tesoro, como el alimento que nos va constituyendo y dando vida; por lo tanto, desechar o ser indiferente a las palabras de Jesús es expresión de que no amamos realmente al Señor.
Los evangelios nos ponen en contacto directo con Jesús, nos revelan su amor personal, nos mueven a la fe y la adhesión. Si queremos entrar en una relación auténtica y fructuosa con Jesús debemos familiarizarnos con la Palabra de Dios, con la Biblia, con los evangelios; pues Jesús dice que “si permanecen en mi Palabra serán verdaderamente mis discípulos” (Jn 8,31). No hacen falta muchos cursos o instrucciones para leer la Palabra de Dios, pues, los bautizados poseemos el Espíritu Santo que nos ayuda en el encuentro con la Palabra y nos guía a la Verdad. Él nos ayuda a guardarla en la mente y el corazón, vivirla con alegría y anunciarla con fidelidad.

Padre bueno,
Señor Jesús, queremos amarte más.
Necesitamos experimentar tu amor,
sentirnos hijos del Padre.
Danos el Espíritu Santo,
para que nos haga recordar tu Palabra,
nos dé valentía para cumplirla con fidelidad
 y nos haga vivir en la Verdad.
Amén.

MONICIONES DEL 01 DE MAYO DE 2016 VI DOMINGO DE PASCUA




Smta. José Alfonso Morales
 eudesjosea@gmail.com

Monición de Entrada

Queridos hermanos y hermanas en cristo Jesús, sean bienvenidos al banquete eucarístico, estamos celebrando el VI domingo de pascua, tiempo de alegría y gozo, porque el Señor Jesús “Ha Resucitado del sepulcro”. La liturgia de hoy es una anticipación de la fiesta de Pentecostés; somos una comunidad reunida en el espíritu para celebrar los sagrados misterios. Deseamos también un feliz día a todos los trabajadores, y nos ponemos en oración al dueño de la mies para que bendiga y haga fructífera la obra que laboramos en el día a día.


Monición de la Primera Lectura.
Primera lectura: (Hch 15, 1-2. 22-29)

Escuchemos el relato de lo que se ha llamado el Primer Concilio de la Iglesia en Jerusalén. Donde se puso como centro de la fe cristiana, la profesión del credo en Jesús Resucitado, pues no basta con conformarse con las leyes y ritos judíos.

Monición de la Segunda lectura.
Segunda lectura: (Ap. 21, 10-10.22-23).

El libro del Apocalipsis nos coloca ante una realidad que aguarda la comunidad de fe. En su visión del Nuevo Cielo, san Juan contempló algo maravilloso: no había templo, porque el templo es el Cordero; la luz que ilumina la ciudad es la gloria de Dios y del Cordero. Preparemos, pues, nuestra vida para contemplar al Señor que se presenta como Cordero para nuestra salvación.

Monición del Evangelio
Evangelio: (Jn 14, 23-29)

En este pasaje evangélico, Jesús nos recuerda que somos posada para la gracia de Dios. Dios quiere hacer morada suya nuestra vida. Esta gracia se cultiva sobre la base del amor y el cumplimiento de su Palabra, basta abrirnos a la experiencia del Espíritu para que nos guie en este cometido. Escuchemos después del canto.


Oración Universal

1)   Oremos por todos los que ejercen un ministerio en la Iglesia, para que no decaigan sus ánimos ante la falta de resultados y recuerden siempre obedecer a más a Dios que a los hombres. Oremos al Señor

2)   Oremos por los gobernantes, para que ofrezcan oportunidades de trabajo a todos sus ciudadanos, promoviendo el desarrollo de la propiedad privada y pública. Oremos al Señor.

3)   Oremos por todos los trabajadores. Para que en medio de su labor identifiquen en sus talentos al Señor que se hace presente, y también, por aquellos que no tienen trabajo, aquellos que por falta de condiciones socio-productivas se ven obligados a cerrar sus empresas, haz que puedan superar la crisis y que fructifiquen para ellos nuevas oportunidades. Oremos al Señor.

4)   Oremos por quienes han sido llamados a una vida de consagración al Señor y hoy experimentan la tentación del abandono, para que resuene en su corazón el continuo llamado de Jesús a seguirlo. Oremos al Señor

5)   Oremos para que, después de haber celebrado esta misa dominical, caminemos junto a Jesús Resucitado durante toda la semana. Oremos al Señor.

6)   Oremos por todos nosotros y nuestras vivencias del amor de Dios, para que nos dé ojos para ver lo bueno que hay en los que nos rodean. Oremos al Señor.